sábado, 3 de agosto de 2013

Soneto irreverente



Borges no olvidó el nombrar a la luna,
que aquel otro hombre, en singular descuido,
hecho a cifrar lo que está prohibido,
sacrificó su vida y su fortuna.

A mí me queda señalar solo una,
y en esto trataré de ser preciso,
siempre que me sea dado el permiso,
para no romper con la calma diurna;

de entre las cosas del magno universo,
he querido nombrar a mi laguna,
que es el espejo y el reflejo en verso.

Mi laguna es la conciencia al reverso,
y en las horas de soledad nocturna,
el desgarro cruel de mí ser disperso.

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